El cerebro humano está
compuesto, a grandes rasgos, por tres grandes partes. Una “nueva” o neocortex,
que piensa y toma las decisiones racionales, un cerebro intermedio, que está
muy influido por las emociones y los sentimientos, y otro más viejo, también
llamado cerebro reptiliano, que recopila la información de los dos anteriores y
desencadena la toma de decisión final.
El cerebro reptiliano
es muy viejo tiene más de 450 millones de años y tiene una fuerte predilección
por evitar el dolor, por lo que se focaliza en el ahorro de energía cerebral y
en evitar los cambios, es decir, es poco amigo de las innovaciones.
Por otro lado, el
lenguaje escrito, evolutivamente hablando, es muy reciente ya que apenas tiene
10.000 años, por lo que sonidos, sabores e imágenes influyen más fácilmente en
el cerebro frente a las palabras escritas.
¿Tenemos en cuenta este
dato a la hora de diseñar nuestra etiqueta, folletos publicitarios, página web,
estrategia en redes sociales, etc.?
¿Qué imágenes se
muestran en la etiqueta de nuestro vino o en la web? ¿La etiqueta tiene sólo
texto?
El desarrollo de un
nuevo vino, en la mayoría de las ocasiones, se centra en las cualidades
organolépticas del mismo y en las percepciones de catadores expertos. ¿Es
suficiente?
Si analizamos los
conocimientos que nos aporta el neuromarketing, la respuesta es contundente.
NO. ¿Por qué? Porque el estado emocional de las personas influye notoriamente
en la percepción de los sabores, en el placer percibido y la valoración de los
vinos.

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